14 oct 2008

MARÍA: MADRE DE LA IGLESIA

La Maternidad de María no termina en el Calvario. Allí empieza a ser Madre sin límites, Madre de todos. Jesús quiere ser nuestro hermano y le pide a María que sea también, nuestra madre. La Virgen de nuevo dice: SÍ.

Desde entonces no se separa del grupo de los apóstoles. Con ellos se reúnen en el Cenáculo para rezar y con ellos recibe al Espíritu Santo. Jesús lo había prometido: "No os dejaré huérfanos". Y sus palabras se cumplen. El Espíritu Santo y María están siempre con nosotros.

El Espíritu Santo nos comunica la salvación, que Jesús nos ha alcanzado pos ru muerte y resurrección. Y María, en todo momento, cuida de nosotros para que no perdamos nunca este gran regalo que hemos recibido. Por eso, la llamamos: Abogada, Amparo, Socorro, Medianera...

Como en las bodas de Caná, está pendiente de nuestras necesidades, y contínuamente, le pide a Jesús que nos eche una mano. La Iglesia, desde siempre, ha llamado Madre a María. Por esto, cuando se celebró el Concilio, el Papa lo dijo públicamente con etas palabras: "Para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, proclamamos a María Santísima Madre de la Iglesia, es decir, de todo el Pueblo de Dios".

Contínuamente debemos acudir a Ella y rezar como lo hace el Papa: Virgen María, Madre de la Iglesia, ayuda a los obispos a ser apóstoles, y a los sacerdotes, religiosos y seglares, que con ellos colaboran en su difícil trabajo. Pídele siempre a Jesús que perdone nuestras faltas, que aleje de nosotros la pereza, y que nos dé la alegría de amar. Cuida de todos los hombres, que conozcan y amen a Jesús, que es el único que puede salvar, que lo hagan conocer y amar por todo el mundo. Danos la paz, la verdad, la justicia y el amor. Amén.

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