De María no tenemos ninguna foto para saber cómo era, porque cuando decimos que es hermosa, que tiene la belleza original, la estamos describiendo por dentro. Pero tenemos algún dato que nos ayuda a imaginar sus rasgos: pertenecía al pueblo de Israel.
Las mujeres judías tenían la piel morena, los ojos grandes y eran mas bien altas. Vestían con una túnica larga, que se ceñía en el talle con un cinturón. Frecuentemente era de color azul y, a veces, tenúa un canesú bordado. El pelo, muy negro, lo podía llevar rizado, con trenzas o corto. Habían quienes lo sostenían con bonitos peines de marfil. Sobre la cabeza solían ponerse una almohadilla para llevar los cubos de agua t la ropa, que entonces se lavaba en el río.
La mayoría de la gente tenía poca ropa y debía hacerla durar. La lavaba cuidadosamente con jabón hecho de aceite de oliva y la enjuagaba en la corriente para que el agua al pasar, se llevase la suciedad. María vivió en Nazaret. una ciudad que estaba cerca de un grupo importantes rutas comerciales. Entonces no había escuelas. Los niños aprendían en casa, primero con la madre y luego con el padre.
Además de la religión y la historia, que se enseñaban de memoria por medio de narraciones con preguntas y respuestas, las niñas aprendían de su madre a llevar la casa. Mientras que los chicos aprendían un oficio manual de su padre. A los 12 o 13 años las niñas ya podían ser amas de casa y casarse. Una ama de casa tenía que hacer el pan, comenzando por moler el grano para obtener la harina. Otra tarea cotidiana era ir por agua al pozo, además de hilar y tejer la lana. María, con sus 12 años cumplidos, no era distinta de las demás muchachas de Nazaret. Aunque ella tenía un rasgo que la hace inconfundible: LA HUMILDAD.
Todos los que pertenecían al pueblo de Israel conocían la promesa que Dios había hecho a Adán y Eva, tantas veces recordada por los profetas: "El nacimiento de un Salvador". Por eso, cualquier muchacha de Nazaret hacía planes y soñaba con casarse para poder ser la madre del Mesías. Pero a María le parecen atrevimiento esos sueños y por eso, ha decidido que Dios sea el único amor de su vida. Ella prefiere estar atenta a la voz del Señor para agradarle en todo. Ayuda en cuanto puede a los demás, y después de terminar las faenas de la casa, entra en su habitación, cierra la puerta y reza, y canta y pasa mucho tiempo en silencio meditando lo que dicen las Santas escrituras. Aunque se siente muy pobre y muy pequeña, confía en la fuerza y el amor del Todopoderoso para llevar a la práctica la Palabra de Dios. En sus labios sólo hay una respuesta: SÍ.
Un día, estando recogida en oración, oyó la voz del Ángel Gabriel. Comenzó saludándola con gozo: "¡Alégrate, llena de Gracia, el Señor está contigo!". ¡Qué palabras tan bonitas! Pero, ¿Qué significa este saludo? María no sale de su asombro. Quiere encontrar una explicación. Le parece que no se merece tantos elogios. El ángel tenía que decirle cosas muy importantes y siguió hablando. Le iba a proponer el plan de Dios: "Vas a concebir y dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús".
¿Por qué era Ella la elegida para ser madre de Jesús si no estaba casada, si su corazón entero se lo había entregado al Señor? ¿Acaso por eso le había dicho el ángel: "No temas, María, has hallado gracia delante de Dios"? "Has hallado gracia delante de Dios"... Dios está enamorado de Ella. La ha preferido a ninguna otra muchacha de Israel. Precisamente porque es toda de Él, no hay quien mejor pueda ser la Madre de su Hijo. Por esta razón la ha elegido. Pero, ¿Cómo podrá ser esto? María quiere saberlo para poner de su parte lo que sea necesario. No basta con escuchar la Palabra de Dios, es preciso responder de manera activa y responsable. Y Ella pregunta. Entonces Gabriel le dice: "El Espíritu SAnto vendrá sobre Tí y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios".
Es un misterio. Sólo Jesús ha sido concebido de este modo. Pero estas palabras son muy claras: Dios mismo realizará su obra, nada es imposible para Él. María dará a luz al Mesías. ELLA SERÁ SIEMPRE VIRGEN Y MADRE.
¡Felíz porque has creído que se cumplirían las cosas que te fueron dichas por parte del Señor! Y María cree en la palabra que Dios le ha dicho por medio del ángel, y dice SÍ.


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